ROMPER CON LOS MALOS HÁBITOS

La semana pasada, el blog Comer o no comer publicaba una entrevista realizada a Yolanda Fleta, miembro del equipo de Nutritional Coaching, donde se abordaba, entre otras cuestiones, la dificultad para romper con aquellos hábitos alimenticios que tenemos arraigados.  Puesto que el tema os ha parecido interesante, queremos continuar profundizando en él. Los dietistas nutricionistas de Nutritional Coaching hace tiempo que se plantearon la siguiente pregunta: ¿Es suficiente con dar información o consejo dietético para que una persona cambie sus hábitos alimenticios? La respuesta es: en la mayoría de ocasiones, no.

Las investigaciones afirman que para cambiar aquellos comportamientos que las personas realizamos con una alta frecuencia, él éxito de las intervenciones basadas únicamente en dar información, es limitado. (Webb &Sheeran, 2006) También resultan insuficientes las que van más allá del consejo o la información y optan por un enfoque más educativo. (Rothman, Sheeran & Wood, 2009)

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Es decir, para lograr que una persona cambie un comportamiento que realiza de forma habitual y con una alta frecuencia, se necesita algo más que información o consejo. Comer es, precisamente, uno de esos comportamientos que realizamos con una alta frecuencia: lo hacemos todos los días, varias veces, y además, con una alta probabilidad comemos lo mismo y en el mismo sitio.

Cambiar nuestra conducta alimentaria, nos resulta difícil porque la mayoría de nuestros comportamientos relacionados con la alimentación se han convertido en hábitos.

Si de lo que se trata es de cambiar algún hábito, es interesante conocer qué entendemos por hábitos, cómo se forman y si hay alguna manera de romper con ellos,  cuando nos llevan a realizar actos que nos gustaría dejar de hacer: comer compulsivamente, tomar demasiado café, comer las sobras de los platos, el chocolate de después de la cena, …

¿Qué son los hábitos? ¿Y por qué parece que tienen vida propia? Los hábitos se entienden como secuencias de actos aprendidos que, como resultado de su repetición frecuente en situaciones similares y el refuerzo de una recompensa, se activan automáticamente ante señales específicas del contexto. El contexto no únicamente se refiere al entorno físico, sino también personas o a un determinado estado de ánimo. (Wood & Neal, 2007)

De la definición anterior se desprende que el hábito está formado por una secuencia: señal-conducta-recompensa; y que esta secuencia se activa de manera automática. Es decir comemos de una determinada manera, y lo hacemos casi sin pensar. El hecho de que el hábito sea automático, responde a uno de los propósitos del cerebro, que es ahorrarle la máxima energía al organismo. Si la secuencia acerca de cómo hacer algo se activa de forma automática,  el cerebro reservará la energía para otras situaciones más complejas en las que sí debamos pensar. Parece que, aunque nos fastidie, debemos darle las gracias al cerebro por ser tan inteligente.

Por lo tanto, el papel que tienen las señales en la activación de la conducta repetida es muy importante, a veces, lo es más, incluso, que la intención previa de la persona.  Por ejemplo, imaginemos que estamos en casa y sin tener hambre, ni tampoco ninguna intención de comer entramos en la cocina y vemos encima del mármol un bizcocho casero que hemos preparado para nuestros hijos. A pesar de no tener hambre, ni intención de comer antes de entrar en la cocina, es muy probable que el ver el bizcocho actúe como señal disparadora de la conducta automática de comernos un trozo. Esto es lo que les pasa también a las personas que cocinan y tienen tendencia a picar directamente de la olla, o a comer las sobras de los platos antes de tirarlas. En la mayoría de ocasiones estas conductas son repetidas de forma automática y sin que haya una conciencia plena por parte de la persona.

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Sin embargo, la buena noticia es que, a pesar de que los hábitos ejercen una poderosa influencia en el comportamiento de las personas, la respuesta automática ante determinados estímulos puede ser inhibida cuando la persona tiene una fuerte convicción, es decir, cuando está fuertemente motivada para ello.  (Wood & Neal,  2007)

La motivación y el adaptar el contexto a nuestra conveniencia, parecen ser las claves para romper con una conducta poco saludable en relación a nuestra alimentación.  Nuestro modelo de coaching nutricional lo tiene en cuenta y trabaja en las  dos direcciones. Por un lado, usamos, además de la conversación, herramientas que hemos diseñado para acompañar al paciente en el análisis y reflexión acerca de cómo es ese contexto en el que se da su conducta alimentaria, para tener una mayor capacidad de control sobre él. En las sesiones de coaching nutricional se trabaja con el paciente la planificación de acciones que conduzcan a la creación de un entorno que facilite de forma natural lo que quiere hacer, puesto que es más fácil romper con los hábitos cuando cambia el contexto en el cuál se lleva a cabo la conducta habitual. (Wood, Tam & Witt, 2005). El objetivo es que sea más fácil hacer algo, y más difícil no hacerlo.

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Por otro lado, trabajamos con el paciente su motivación para el cambio. Si la persona está convencida de que el cambio en su alimentación es realmente importante para el o ella, y además se cree capaz de hacerlo, será capaz de controlar las señales del contexto y mantenerse firme en su propósito.  La motivación es lo que da fuerza y entusiasmo al paciente, es lo que le ayuda a vencer los obstáculos que le frenan.

Por lo tanto, romper con los viejos hábitos es posible, y el enfoque del coaching nutricional tiene muy en cuenta los factores clave para lograrlo.

 

Yolanda Fleta
Directora de proyectos

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info@nutritionalcoaching.com

Tel: 932503858

http://www.nutritionalcoaching.com

Para saber más…

Webb, T. L., & Sheeran, P. (2006). Does changing behavioral intentions engender bahaviour change? A meta-analysis of the experimental evidence. Psychological Bulletin, 132, 249–268.

Webb, T. L., Sheeran, P., & Luszczynska, A. (2009). Planning to break unwanted habits. Habit strength moderates implementation intention effects on behaviour change. British Journal of Social Psychology, 48, 507–523.

WHO. (2003). Diet, nutrition and the prevention of chronic diseases. Geneva: World Health Organization.

Wood, W., & Neal, D. T. (2007). A new look at habits and the habit-goal interface. Psychological Review, 114, 843–863.

Wood, W., Tam, L., & Witt, M. G. (2005). Changing circumstances, disrupting habits. Journal of Personality and Social Psychology, 88, 918–933.

Rothman, A. J., Sheeran, P., & Wood, W. (2009). Reflective and automatic processes in the initiation and maintenance of dietary change. Annals of Behavioral Medicine, 38, S4–S17.

 

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